Una colina a orillas del Loira
Sancerre se extiende por catorce municipios del Cher, en la orilla izquierda del Loira, al este de Bourges. El viñedo ocupa laderas a menudo muy empinadas —a veces con más del 50 % de pendiente—, entre 180 y 350 metros de altitud, en torno a la colina de Sancerre y a la célebre aldea de Chavignol. El blanco domina ampliamente, complementado con tintos y rosados de pinot noir.
El terruño: tres suelos, tres estilos
La fuerza de Sancerre reside en su geología, que se lee de oeste a este en tres grandes familias. Las «terres blanches» son margas arcillo-calcáreas del Kimmeridgiense —las mismas que en Chablis— que dan vinos potentes y de guarda. Las «caillottes», calizas duras y muy pedregosas, producen blancos finos y precoces, todo cítricos.
Por último, al este, los suelos silíceos ricos en sílex (los «chailloux») aportan a los vinos una mineralidad tensa y esa nota característica de pedernal. Este mosaico, sobre laderas escarpadas bien orientadas, explica la diversidad de los sancerre de un pago a otro.
El estilo de los vinos
El sancerre blanco es el arquetipo del gran sauvignon: color pálido, nariz de cítricos, de brote de grosella negra y de flores blancas, boca viva y salina. Se aprecia sobre todo joven, por su brillo, aunque las cuvées de terres blanches ganan con el envejecimiento. Los tintos y rosados de pinot noir, más confidenciales, seducen por su fruta y su frescura —una ventaja en un clima que se calienta.
