Una denominación que existe en el papel, no en las estanterías
De los tres grands crus de la colina de Corton, Charlemagne es con gran diferencia el menos empleado. Su pliego está vigente y actualizado e impone las mismas obligaciones que sus vecinos, incluida la mención «grand cru» que debe figurar bajo el nombre con caracteres al menos iguales a dos tercios de los de este. Pero casi todos los viticultores cuyas parcelas dan derecho a ella reivindican Corton-Charlemagne, más legible e incomparablemente más buscada en el mercado.
La magnitud lo dice todo: en el registro BIVB de 2008, solo 0,28 hectáreas estaban en producción como Charlemagne, para 7 hectolitros en total, unas tres barricas. Ese mismo año, Corton-Charlemagne declaraba 52,44 hectáreas y 2 237 hectolitros. Una relación de uno a trescientos. La versión francesa de Wikipedia llega a escribir que la denominación «ya no se reivindica»; es una simplificación, algunas bodegas siguen embotellando con ese nombre, pero expresa la amplitud del fenómeno.
Por qué sigue existiendo esta denominación
La respuesta está en comparar ambos pliegos, casi gemelos. Zona geográfica idéntica: Aloxe-Corton, Ladoix-Serrigny y Pernand-Vergelesses. Composición varietal idéntica: chardonnay principal, pinot blanc accesorio limitado al 10 % de las plantaciones y al 30 % del ensamblaje, aligoté tolerado transitoriamente. Densidad mínima de 9 000 cepas por hectárea, riego, prensas continuas y trozos de madera prohibidos, riqueza mínima en azúcares y grado alcohólico natural mínimo del 12 %: nada los distingue. Rendimiento de base de 40 hl/ha y máximo absoluto de 54 en ambos. Crianza hasta el 15 de junio y comercialización después del 30 de junio del año posterior a la cosecha, también idénticas.
La única diferencia real es la zona parcelaria delimitada, aprobada por el comité nacional del INAO el 20 de septiembre de 1984 y depositada en el ayuntamiento: la de Charlemagne es mucho más estrecha, limitada a los climats con nombre del emperador. Toda parcela apta para Charlemagne lo es para Corton-Charlemagne, pero no al revés. Ante dos etiquetas posibles para un mismo vino, el productor elige racionalmente la más comercial. La denominación sobrevive jurídicamente como un derecho histórico nunca derogado, sin existir comercialmente, un caso ejemplar en Borgoña.
El terruño: Le Charlemagne y En Charlemagne
Dos climats vecinos albergan la denominación: Le Charlemagne, en Aloxe-Corton, y En Charlemagne, en Pernand-Vergelesses. Ambos ocupan la parte alta de la colina de Corton, en la franja de caliza mezclada con margas que aflora bajo el Bois de Corton, donde la erosión retiró la cubierta arcillosa. Estos mismos climats aportan, con Les Pougets y Les Languettes, la mayor parte de corton-charlemagne.
Domaine de la Vougeraie, que explota parcelas en ambos, describe un suelo silíceo muy calcáreo, limoso y muy pedregoso: la «tierra blanca» característica de lo alto de la colina. Sus parcelas están entre 250 y 320 metros de altitud; Le Charlemagne se describe como parcela empinada orientada al sur y En Charlemagne como parte alta de ladera al suroeste. Esta orientación occidental, menos generosa que las caras este, retrasa la maduración y da vinos más tensos, más de sílex que solares.
El nombre: una donación documentada, una leyenda añadida
El nombre tiene fundamento histórico. En 775, Carlomagno donó la mayor parte de la colina de Corton a la colegiata Saint-Andoche de Saulieu, destruida por los sarracenos en 731. Domaine de la Vougeraie recuerda que este viñedo permaneció en manos de la comunidad religiosa más de mil años. Un «Clos le Charlemagne» aparece en un arrendamiento del cabildo de Saint-Andoche de 1375: el topónimo está documentado en la Edad Media.
En cambio, el episodio más contado —la esposa del emperador haciendo arrancar los tintos para plantar blanco y salvar su barba— se presenta en las fuentes enciclopédicas como leyenda posterior, sin testimonio contemporáneo. Dos hechos invitan a desconfiar: André Jullien no menciona ningún blanco en Corton en su Topographie de tous les vignobles connus de 1816 y el aligoté siguió siendo la principal variedad blanca de la colina hasta finales del siglo XIX. El chardonnay rey no es, por tanto, una herencia carolingia, sino una construcción reciente.
Los escasos Charlemagne embotellados
Algunas bodegas eligen deliberadamente mantener viva la denominación y ahí reside el interés: beber un Charlemagne es beber un vino cuya etiqueta es más rara que el contenido. Domaine de la Vougeraie, en Premeaux-Prissey, publica ficha técnica de cada añada: sus parcelas cubrían 0,2183 hectáreas en Le Charlemagne y 0,2772 en En Charlemagne según cifras de su web, con plantaciones de 1954-55, 1957-58 y 1989-90, densidad de 10 000 cepas por hectárea, poda guyot y labranza con caballo.
La bodega indica que cultiva Le Charlemagne en ecológico desde 1998, certificado en 1999, y en biodinámica desde la campaña 2001, mientras En Charlemagne, adquirido después, pasó a ecológico y biodinámica desde 2012. Esta información procede de la ficha de la bodega y describe una situación susceptible de cambiar: superficies y manejo evolucionan y una bodega puede decidir en cualquier momento declarar Corton-Charlemagne en vez de Charlemagne para la misma vendimia.
