Saint-Émilion, corazón del Libournais
En la margen derecha del Dordogne, alrededor de su célebre ciudad medieval, Saint-Émilion se extiende por ocho municipios y una parte de Libourne. Es un viñedo de historia: aquí se fundó el primer sindicato vitícola de Francia, y la «jurisdicción de Saint-Émilion» —paisaje cultural de viñas, iglesias y canteras— está inscrita en el Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1999.
Desde 1989, por efecto del derecho europeo sobre la delimitación de las áreas, el antiguo mosaico de denominaciones se redujo a dos: saint-émilion y saint-émilion grand cru, esta última con reglas de producción más estrictas.
El terruño: la caliza como columna vertebral
Saint-Émilion ocupa una meseta recortada por vaguadas, y su geología constituye toda su riqueza. Las cumbres están coronadas por una caliza de asterias del Oligoceno (Rupeliense), de diez a quince metros de espesor y margosa en su base: es la célebre «piedra de Saint-Émilion», con la que se construyó la ciudad y bajo la cual se excavan las bodegas. En esta meseta y sus rebordes nacen los vinos más profundos y más aptos para la guarda.
Las laderas, o «côtes», mezclan arcillas verdes carbonatadas y arenas, antes de dar paso, más abajo, a las molasas del Fronsadais. Por último, al sur y al oeste —hacia Pomerol—, la denominación desciende por una serie de terrazas arenosas y de gravas. Esta diversidad de suelos, de la caliza a las gravas, explica la pluralidad de estilos de un château a otro.
El encepado: el reinado del merlot
A diferencia del Médoc, aquí es el merlot el que domina, con alrededor del 60 % del encepado. Precoz y generoso, se desarrolla plenamente sobre las arcillas y las calizas frescas, aportando carnosidad, redondez y fruta. El cabernet franc —llamado localmente «bouchet»— representa cerca del 30 % y aporta aroma, finura y una trama estructurante.
El cabernet sauvignon, más tardío, completa el ensamblaje en torno al 10 %, en los sectores más cálidos. Este trío, modulado según los suelos, constituye toda la sutileza de los ensamblajes de Saint-Émilion.
El estilo y la clasificación
Los saint-émilion son tintos generosos y aterciopelados, de fruta madura en su juventud, que ganan con la edad notas de trufa y de sotobosque. Los vinos de la meseta caliza, más tensos, se distinguen por su frescura y su longevidad; los de las terrazas arenosas y de gravas seducen por su sedosidad.
Saint-Émilion posee su propia clasificación, creada en 1955 y revisada periódicamente —un caso único en Burdeos— que distingue premiers grands crus classés y grands crus classés. En lo más alto de la denominación figuran nombres como Cheval Blanc, Ausone, Figeac, Pavie o Angélus, cada uno expresando a su manera la diversidad de los terruños de Saint-Émilion.
