Cabernet-sauvignon
Rey de las variedades tintas, el cabernet-sauvignon nació en el Médoc de un cruce natural entre el cabernet franc y el sauvignon blanc. Su piel gruesa, sus taninos potentes y su frescura hacen de él la gran variedad de guarda, desde Burdeos hasta el Valle de Napa.
El perfil aromático
El cabernet-sauvignon se reconoce por su aroma a grosella negra y frutas negras, a menudo realzado por una nota vegetal de pimiento u hoja de grosellero cuando la uva está menos madura. Con la crianza en barrica de roble aparecen el cedro, el grafito (la "mina de lápiz"), el tabaco y especias dulces. Al envejecer, desarrolla cuero, sotobosque y trufa.
La estructura y el terruño
Es una variedad tardía, de piel gruesa y rica en taninos y antocianos (la materia colorante): de ahí vinos profundos, robustos y hechos para la guarda. Le gustan los suelos cálidos y bien drenados — las gravas del Médoc le sientan de maravilla — que le ayudan a madurar. Rara vez solo, se ensambla de buen grado con el merlot, que le aporta carnosidad y redondez.
Su frescura natural y sus taninos firmes le confieren una aptitud excepcional para el envejecimiento: los grandes cabernets se guardan décadas, sus taninos fundiéndose poco a poco en terciopelo.
En la mesa y en el mundo
Estructurado y tánico, pide carnes rojas — entrecot, cordero, caza — cuyas proteínas suavizan sus taninos. Más allá del Médoc y las Graves, ha conquistado el planeta: el Valle de Napa, Chile, Australia (Coonawarra) y la Toscana (en los "super-toscanos") han hecho de él una variedad internacional de prestigio.
Datos clave
¿Dónde degustar la Cabernet-sauvignon?
Esta variedad forma parte del ensamblaje de estas denominaciones:
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